¡Soy dinamita! – Sue Prideaux | PDF

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Ficha del libro
Fecha de publicación: | Idioma: Español | ISBN: 978-84-344-2977-2 | Código: 10249101 | Formato: 14,5 x 23 cm. | Presentación: Tapa dura con sobrecubierta | Colección: Fuera de colección | Traductor: Vicente Campos González | Sentido de ojeada: Occidental

¡Soy dinamita! - Sue Prideaux | Planeta de Libros

Información del libro

Peso del archivo: 774 kb
Extensiones: PDF – MOBI – EPUB
Cantidad de descargas: 963
Estado: Activo

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Reseña de ¡Soy dinamita!:

La acontecimientos que esclarece definitivamente algunas cosasque Nietzsche no fue: no fue antisemita, no fue nacionalista,no fue excéptico. Eso sí, fue pura dinamita.

La imagen, formidable y ya convencional: una amplia frente despejada, un poblado mostacho que cae sobre la boca, unos fanales engastados con examen miope, entre alucinada y torva. Sin secuestro, pese a la potencia expresiva del icono, se intuye una máscara que escamotea un carácter huidizo y atormentado. Si la imagen puede resultar engañosa, la vida y la obra de Nietzsche han donado pábulo a tantas y tan dispares interpretaciones que cuesta hacerse una idea recto de quién fue y qué pensaba este hombre enigmático.

Sue Prideaux aborda la acontecimientos con escrupulosa delicadeza, poniendo las cosas en su sitio, en su tiempo. Recorre así la infancia casi idílica de Nietzsche, sus estudios y su temprana entrada en la vida académica, sus amoríos y crisis personales, su precaria sanidad –y su supuesta sífilis–, su existencia errabunda, su aislamiento y su devastador descenso final a la imprudencia. Y ese devenir biográfico está poblado de una impagable local de personajes –del historiador Jacob Burckhardt a los megalómanos Cosima y Richard Wagner, pasando por Lou Andreas Salomé– retratados con implacable precisión, por otra parte de su peculiar grupo. La misteriosa homicidio de su padre, pastor luterano, cuando él tenía cinco primaveras le influiría de por vida; Elisabeth, su hermana pequeña, le marcaría no solo en la vida sino más allá, censurando y manipulando su obra, pero conservándola casi íntegra.

Evitando el trazo gordo, desmontando mitos, rastreando la prolífica correspondencia del filósofo, Prideaux revela un hombre difícil, alguno cuyo inteligencia extraordinario le llevó a ansiar la demolición de cuantas certidumbres se habían «creído, necesario, santificado» hasta entonces; alguno que fue, ciertamente, dinamita.

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